OCDE prevé que Chile crezca 2,2% este año y recomienda equilibrar gasto social

Chile crecería 2,4% en 2020, tras una expansión de 2,2% este año, dijo hoy la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe “Panorama Económico 2019”. En 2021, la expansión se aceleraría a 3,5%. En su análisis de nuestro país, la organización recomienda que la política fiscal “debe lograr un equilibrio entre las necesidades de mayor gasto social y mantener la prudencia para cumplir con la regla fiscal”.

En referencia directa a la crisis social que ya se extiende por un mes, la OCDE dice que “impulsar un crecimiento inclusivo requiere reformas para fortalecer las políticas sociales y de mercado laboral activos e impulsar el dinamismo empresarial”. Según la organización, “el crecimiento se fortalecería en los próximos años, pero se mantendría más débil de lo esperado debido a los eventos sociales recientes y a vientos en contra externos persistentes”.

El informe da cuenta de que la actividad económica se desaceleró este año por shocks a la minería causados por factores climáticos, una producción manufacturera débil y un menor crecimiento de las exportaciones. “La agitación social reciente está pensando en el consumo y la inversión”, afirma. El mercado laboral, por su parte, muestra indicadores contradictorios: mientras los datos administrativos apuntan a un crecimiento saludable del empleo formal, la tasa de desempleo no se ha reducido, ya que el mercado laboral no ha sido lo suficientemente flexible para acomodar la ola migratoria reciente.

Respecto de la situación externa, la OCDE da cuenta de un deterioro de las condiciones externas, debido a la escalada de los conflictos comerciales. La inflación, agrega, se mantiene cercana a 2%, en la parte baja del rango meta, reflejando en parte una caída continua en los precios de los servicios.

Énfasis en reformas

La organización afirma que la “reforma tributaria planificada, que actualmente se discute en el Congreso, impulsaría los ingresos al aumentar el impuesto al ingreso personal y el gravamen a los hogares de mayores ingresos”. La reforma también “impulsaría la inversión gracias a la simplificación del código tributario para las PYME y la depreciación acelerada”. La OCDE también destaca que las medidas anunciadas recientemente para aumentar el gasto social, especialmente en las pensiones, y un aumento del sueldo mínimo a los más vulnerables, “se han acomodado apropiadamente dentro de la regla fiscal y mantendrán el consumo privado”

Para la entidad, la clave para un crecimiento más inclusivo está en mantener el impulso de las reformas estructurales: reducir la segmentación del mercado laboral entre empleos estables y precarios; integrar al flujo reciente de migrantes; optimizar las licencias y regulaciones; y aumentar la competencia en los servicios de redes. “Una mayor expansión de las instalaciones de cuidado infantil impulsaría el aún bajo empleo femenino en labores pagadas y ayudar a la persistentemente alta brecha salarial de género”, recomienda.

Fundamentos macroeconómicos

Para la OCDE, los fundamentos macroeconómicos sólidos y una política fiscal sostenible debería ayudar a apoyar el crecimiento a pesar del impacto negativo de la agitación social en el último trimestre de 2019 y condiciones externas adversas.

La inversión, por su parte, debería ser apuntalada por las condiciones financieras acomodativas, altos precios del cobre, una confianza empresarial positiva y la reforma tributaria. Mientras que el consumo privado sería apoyado por las bajas tasas de interés reales y sueldos al alza. Sin embargo, las estimaciones están sujetas a una “incertidumbre considerable” debido a la agitación social. Como recomendación, destaca que hay que hacerse cargo de las causas de la crisis para impulsar el bienestar de los hogares y fortalecer la confianza empresarial.

Los otros riesgos a la baja son un retraso en las reformas sociales y la situación externa, tanto por las tensiones comerciales como la inestabilidad regional.

Mirada mundial

En el ámbito internacional, la OCDE considera que “la perspectiva es frágil, con signos crecientes de que la recesión cíclica se está consolidando”, con un crecimiento débil, con desaceleración en casi todas las economías, y un comercio global que se está estancando. En su informe, el organismo asegura que durante los últimos dos años el desempeño y las perspectivas de crecimiento global se han deteriorado constantemente, en parte debido a “una continua profundización de las tensiones comerciales que están afectando cada vez más la confianza y la inversión, aumentando aún más la incertidumbre política. Por tal razón, en esta oportunidad recorta su proyección del crecimiento del PIB a 2,9% este año y en torno al 3% para los próximos dos, “por debajo de la tasa del 3,5% que fue proyectada hace un año y el más débil desde la crisis financiera mundial”.

La inflación, en tanto, se mantendrá en niveles moderados y el crecimiento mundial apenas se recuperará, por el impacto de las disputas arancelarias.

“Estos acontecimientos plantean preocupaciones de que las expectativas de crecimiento continúen disminuyendo en ausencia de medidas políticas”, escribe la institución. Así las cosas, considera que las tasas de crecimiento en general están por debajo de su potencial, que la mezcla entre políticas monetarias y fiscales están desbalanceadas, y cita como la mayor de las preocupaciones el continuo deterioro de las perspectivas, lo que “refleja que hay cambios estructurales que no han sido abordados más que en cualquier otro choque cíclico”.

Bajo este panorama, la OCDE estima que el PIB de la primera economía mundial –Estados Unidos- se desacelerará a 2% para 2021, mientras que el de Japón y la zona euro estarán alrededor de 0,7% y 1,2%, respectivamente. En tanto, el de China “continuará disminuyendo, a alrededor de 5,5% en 2021. Se espera que otras economías de mercados emergentes se recuperen apenas de forma modesta, en medio de desequilibrios en muchas de ellas”. Y la expansión podría desacelerarse aún más si los riesgos a la baja se materializan, especialmente con asuntos relacionados a la guerra comercial, a restricciones transfronterizas que afecten la inversión, la prolongada incertidumbre por el Brexit, mayor desaceleración en China y otras vulnerabilidades financieras.